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¡No tiene por qué amargarse!

Del número de septiembre de 1975 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Vencer la amargura puede ser a veces una tarea difícil. Necesitamos superar cualquier autocompasión, cinismo, y resentimiento de todo aquello que trata de hundirnos.

He aquí una forma de hacerlo en la Ciencia Cristiana: Podemos orar para percibir que la turbación por la que humanamente atravesamos, no es realmente la verdad acerca del hombre que Dios ha creado. Podemos orar para comenzar a despertar al hecho de que, en nuestra naturaleza verdadera otorgada por Dios, no hay nada que pueda amargarnos. Ninguna persona, situación ni circunstancia, jamás pueden afectar nuestra identidad espiritual como el hombre de Dios.

Esta oración es práctica. Purifica nuestra consciencia, disipa la opresión en nuestros corazones, disuelve heridas profundas, y elimina las asperezas y pesadumbres de nuestra experiencia humana. Comenzamos a disfrutar de la vida nuevamente. Como una esposa le dijo a su marido, que venía saliendo de una experiencia similar: “Bienvenido otra vez a la tierra de los vivientes”.

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