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Cuando se conoce el secreto de la Navidad

Del número de diciembre de 1993 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana


Ami Papa le encantaba darle a su familia sorpresas agradables. Esto era especialmente evidente en la época de Navidad. En Nochebuena, después de que todos se habían acostado, papá ponía el último regalo junto al árbol de Navidad. No lo envolvía. Simplemente lo dejaba abierto para que todos lo vieran. La mañana de Navidad era casi tan divertido mirar su rostro, cuando descubríamos el obsequio, como observar las exclamaciones de alegría y sorpresa de quien recibía el obsequio. En ocasiones papá me permitía participar del secreto de antemano, y compartíamos el enorme placer de saber el secreto por anticipado durante todo el tiempo que faltaba hasta la Navidad, mientras hacíamos los preparativos para ese día.

Nada se compara con el deleite interior de saber algo especial. Lo mejor de todo es el conocimiento espiritual que obtenemos cuando escuchamos los mensajes de los ángeles que nos envía nuestro Padre celestial, Dios. ¿Pueden imaginarse cómo se debe de haber sentido María cuando el ángel Gabriel le dijo: “El Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios”? Lucas 1:35. Y ¿qué emocionante fue para los pastores cuando “se les presentó un ángel del Señor” y dijo: “He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”? Lucas 2:9–11.

Cuando escuchamos a los ángeles de Dios, o intuiciones espirituales, aprendemos acerca de la verdadera identidad del hombre como Su reflejo espiritual, la idea del Amor divino. Conocer la identidad divina del hombre, ¡es saber algo muy especial! Para mí esta verdad del hombre es el verdadero significado, o “secreto”, de la Navidad. Es el motivo por el que me alegro, en lugar de entristecerme, por ejemplo, cuando pienso en mi papá, que falleció hace más de treinta años. El conocimiento de la naturaleza eterna del hombre — la suya, la mía y la de mi papá— es lo que enternece mi corazón cuando recuerdo el amor que papá sentía por su familia.

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